Bar Nostalgia [ Documental ]

Sinopsis
Bar Nostalgia es una pintura al óleo sobre tela de 14 metros de largo por 75 centímetros de alto. La temática es la noche de Valparaíso, sus bares, especialmente los bares de marinos a punto de desaparecer, o ya desaparecidos.
El film es una crónica de viaje sobre el reflejo de la memoria de un pintor, del pintor Gonzalo Ilabaca, que registra todo el proceso de realización de esta pintura desde el momento de comprar los palos hasta su posterior ubicación definitiva en el hotel. Por el carácter público que tendrá la obra, por las dimensiones de la pintura misma y la categoría de donde será expuesta, este documento cobra un valor en si mismo y en el tiempo. Sin embargo, en este documental la ejecución de la pintura, el cuadro en si mismo, no es más que un pretexto, un esqueleto para pasar a través de los comentarios, a través de la memoria del pintor, más allá de la tela y de la técnica, a lo que hay detrás de todo cuadro, es decir, todas las vivencias, experiencias, confesiones y recuerdos que han permitido llegar a ella. Así, los viajes, personajes del cuadro, bares que aparecen en él, las cosas imaginadas y los temas de siempre como el amor, la pareja, la soledad, la belleza, las bodas mágicas, los hijos, la amistad, la fama y el olvido, son en realidad las verdaderas pinceladas del cuadro, pinceladas dirigidas mas que nada a atrapar los tres tipos de nostalgia que me interesan, la nostalgia del pasado, la nostalgia del futuro y la nostalgia de lo que nunca pasará.
Tratamiento
La idea poética que debería convertirse en hilo conductor del documental es transformar el proyecto de un pintor que pinta un cuadro en una crónica de viaje al modo de un palimpsesto por su memoria.
¿Cuál es la razón de todo esto?
Este es un documental de observación del proceso de creación de un cuadro, que al modo de una frontera nos lleva hacia dos mundos simultáneos que guarda el pintor, uno interior evocado y el exterior observado. Se trabaja con la idea de viaje como un ritual. Este documental es hacer ceremonia de un ritual. Por la memoria del pintor, cuyos fantasmas son los personajes del cuadro, se evoca la nostalgia por revelar la poesía que habita en la vida de los bares.
La cámara actúa ante lo observado como un vehículo o medio confesor. El guión se estructura como una larga confesión que dura la ejecución del cuadro. Estamos ante el registro de una ceremonia. El pintor se confiesa. Sin embargo es necesario dotar de un concepto a esta ceremonia: “El cuadro es una frontera de este viaje”. Así, no estamos por tanto ante el desarrollo de un guión previo para abordar el rodaje, más aún, este documental no precisa de un guión (en el sentido convencional del concepto), sino que se estructura a partir de dos lecturas, cada una con su propia cartografía, como mapas que nos permiten un “sistema de aproximación a los temas” :
Cartografía Narrativa. En Bar Nostalgia la cámara observa la creación de un cuadro de 14 metros de largo cuya temática es la noche de Valparaíso, sus bares, especialmente los bares de marinos a punto de desaparecer, o ya desaparecidos.
El punto de partida es por lo tanto simple, y aun cuando estamos ante el proceso íntimo y solitario de la creación de una obra, ante un acto sagrado, la narración puede convertirse en un relato intranscendente, fijado por las limitaciones de un tiempo y un espacio objetivo. Pero sucede que ese posible límite es ampliamente superado por la conciencia misma del personaje narrado - narrador, el pintor, quien trata de encontrar su salvación en su memoria, que está reflejada además en los cuadros colgados en su taller, cuadros de otros días ya pasados y por venir. La consecuencia inmediata de esta doble perspectiva es el doble nivel en que se estructura la narración. La narración documental queda determinada por una estructura dinámica que funciona mediante un montaje. Pero aquí el montaje responde al movimiento impuesto por la conciencia del personaje. Se trata de un desplazamiento estructural interno, que va entrelazando los dos planos del relato: el “plano observado”, equivalente a todo lo que guarda relación con la situación básica del pintor en su taller; y el “plano evocado”, representado por la función proustiana de su memoria. Este carácter cinético que adquiere la imagen hace desplazar el foco de la narración por las diferentes partes del collage (la pintura y sus personajes).
El relato básico se abre con la presencia de un narrador omnisciente que se dispone a contar lo sucedido previamente. Paulatinamente el narrador básico, el pintor, evoca en el presente, en su taller mientras pinta el cuadro, su historia ocurrida en el pasado. Pero los añadidos del collage cambian en diferentes ocasiones esta perspectiva cuando aparecen los personajes del cuadro evocados por el pintor como narrador equisciente. El tiempo de los diferentes episodios, o secuencias, no es el mismo; en los recuerdos, sueños y conciencia de algunos personajes del cuadro. Esta cronología, al quedar fusionada en una sola unidad, sobrepasa los límites temporales del relato-eje (el acto de pintar el cuadro) , pero queda enmarcada por él.
El punto de vista del narrador básico se adapta perfectamente a esta visión, combinando diferentes modalidades: narración omnisciente, narración objetiva, descripción omnisciente al servicio de una presentación más completa de la psiquis del o los personajes, narración equisciente, monólogo interior directo, monólogo interior indirecto, y soliloquio, prevaleciendo el tono del narrador básico, cuyo discurso filtra el de los otros personajes del cuadro. Es indagando en su memoria, en su conciencia, al modo de lo que Humphrey denominó corriente de la conciencia, que este documental nos muestra la tarea del pintor y nos recuerda ese célebre precepto martiano que guarda todo “obrar”: “No hay descanso hasta que toda tarea está cumplida, y el mundo puro hallado, y el lienzo en su marco”.
Cartografía Audiovisual. Estamos ante un concepto que funciona mediante un montaje, cuya dramaturgia cinematográfica esta estructurada en la doble condición del cuadro pintado. El cuadro es lo observado y es a la vez la membrana que nos permite ir a los lugares, personaje, temas, etc., que están trás el cuadro, el plano evocado. Es la puerta que permite ir a lo evocado y volver al taller del pintor, al trabajo de creación, al plano observado. ¿Más, no es posible pensar que el taller del pintor es lo evocado de los personajes al otro lado del cuadro?
Este documental se construye sobre un concepto que establece que “el cuadro es una frontera de este viaje”, al modo de un juego de cajas chinas.
El desarrollo del documental se estructura en 7 temas que son los paneles que conforman el cuadro. Cada panel tiene un título y un tema, aun cuando estos títulos no necesariamente se insertarán como intertítulos:
1º Los tripulantes ya no volverán = Tema: El viaje
2º Perro Cabaret = Tema: La amistad
3º No way Jack = Tema: La nostalgia
4º Música = Tema: El arte
5º Paloma & Bid Sad Jack = Tema: Los bares y sus personajes
6º Flamingo Rose = Tema: El amor
7º La nocha de Playa Ancha = Tema: La familia
El film será construido con una variedad materiales visuales.
- El trabajo de Gonzalo Ilabaca, especialmente pinturas y dibujos.
- Escritos de Ilabaca
( artículos, manifiestos, libros y otras publicaciones)
- Imágenes de archivo
( Fotografías, periódicos, documentales, films personales del pintor, entrevistas en medios de comunicación )
- Imágenes grabadas del trabajo en el taller
- Imágenes de actualidad de los distintos lugares pintados
- Entrevistas con contemporáneos, amigos y escritores.
La cámara funcionará observando, y utilizará los elementos del cuadro para articular las imágenes hacia los materiales visuales descritos, desde las diferentes modalidades del narrador, que es el pintor. Algunos personajes del cuadro o de las fotos, o de las evocaciones del pintor, se presentarán a través de su voz en off, como un soliloquio, pero es prematuro señalar de antemano como ocurrirá. Lo que se entiende por entrevista tenderá a presentarse como conversaciones con el pintor o quizás como confesiones personales.
La música se insertará a partir de la propia música de los lugares filmados y especialmente la que se escucha en el taller de trabajo.
Punto de VistaBar Nostalgia es una pintura al óleo sobre tela de 14 metros de largo por 75 centímetros de alto. La temática es la noche de Valparaíso, sus bares, especialmente los bares de marinos a punto de desaparecer, o ya desaparecidos.
El film es una crónica de viaje sobre el reflejo de la memoria de un pintor, del pintor Gonzalo Ilabaca, que registra todo el proceso de realización de esta pintura desde el momento de comprar los palos hasta su posterior ubicación definitiva en el hotel. Por el carácter público que tendrá la obra, por las dimensiones de la pintura misma y la categoría de donde será expuesta, este documento cobra un valor en si mismo y en el tiempo. Sin embargo, en este documental la ejecución de la pintura, el cuadro en si mismo, no es más que un pretexto, un esqueleto para pasar a través de los comentarios, a través de la memoria del pintor, más allá de la tela y de la técnica, a lo que hay detrás de todo cuadro, es decir, todas las vivencias, experiencias, confesiones y recuerdos que han permitido llegar a ella. Así, los viajes, personajes del cuadro, bares que aparecen en él, las cosas imaginadas y los temas de siempre como el amor, la pareja, la soledad, la belleza, las bodas mágicas, los hijos, la amistad, la fama y el olvido, son en realidad las verdaderas pinceladas del cuadro, pinceladas dirigidas mas que nada a atrapar los tres tipos de nostalgia que me interesan, la nostalgia del pasado, la nostalgia del futuro y la nostalgia de lo que nunca pasará.
Tratamiento
La idea poética que debería convertirse en hilo conductor del documental es transformar el proyecto de un pintor que pinta un cuadro en una crónica de viaje al modo de un palimpsesto por su memoria.
¿Cuál es la razón de todo esto?
Este es un documental de observación del proceso de creación de un cuadro, que al modo de una frontera nos lleva hacia dos mundos simultáneos que guarda el pintor, uno interior evocado y el exterior observado. Se trabaja con la idea de viaje como un ritual. Este documental es hacer ceremonia de un ritual. Por la memoria del pintor, cuyos fantasmas son los personajes del cuadro, se evoca la nostalgia por revelar la poesía que habita en la vida de los bares.
La cámara actúa ante lo observado como un vehículo o medio confesor. El guión se estructura como una larga confesión que dura la ejecución del cuadro. Estamos ante el registro de una ceremonia. El pintor se confiesa. Sin embargo es necesario dotar de un concepto a esta ceremonia: “El cuadro es una frontera de este viaje”. Así, no estamos por tanto ante el desarrollo de un guión previo para abordar el rodaje, más aún, este documental no precisa de un guión (en el sentido convencional del concepto), sino que se estructura a partir de dos lecturas, cada una con su propia cartografía, como mapas que nos permiten un “sistema de aproximación a los temas” :
Cartografía Narrativa. En Bar Nostalgia la cámara observa la creación de un cuadro de 14 metros de largo cuya temática es la noche de Valparaíso, sus bares, especialmente los bares de marinos a punto de desaparecer, o ya desaparecidos.
El punto de partida es por lo tanto simple, y aun cuando estamos ante el proceso íntimo y solitario de la creación de una obra, ante un acto sagrado, la narración puede convertirse en un relato intranscendente, fijado por las limitaciones de un tiempo y un espacio objetivo. Pero sucede que ese posible límite es ampliamente superado por la conciencia misma del personaje narrado - narrador, el pintor, quien trata de encontrar su salvación en su memoria, que está reflejada además en los cuadros colgados en su taller, cuadros de otros días ya pasados y por venir. La consecuencia inmediata de esta doble perspectiva es el doble nivel en que se estructura la narración. La narración documental queda determinada por una estructura dinámica que funciona mediante un montaje. Pero aquí el montaje responde al movimiento impuesto por la conciencia del personaje. Se trata de un desplazamiento estructural interno, que va entrelazando los dos planos del relato: el “plano observado”, equivalente a todo lo que guarda relación con la situación básica del pintor en su taller; y el “plano evocado”, representado por la función proustiana de su memoria. Este carácter cinético que adquiere la imagen hace desplazar el foco de la narración por las diferentes partes del collage (la pintura y sus personajes).
El relato básico se abre con la presencia de un narrador omnisciente que se dispone a contar lo sucedido previamente. Paulatinamente el narrador básico, el pintor, evoca en el presente, en su taller mientras pinta el cuadro, su historia ocurrida en el pasado. Pero los añadidos del collage cambian en diferentes ocasiones esta perspectiva cuando aparecen los personajes del cuadro evocados por el pintor como narrador equisciente. El tiempo de los diferentes episodios, o secuencias, no es el mismo; en los recuerdos, sueños y conciencia de algunos personajes del cuadro. Esta cronología, al quedar fusionada en una sola unidad, sobrepasa los límites temporales del relato-eje (el acto de pintar el cuadro) , pero queda enmarcada por él.
El punto de vista del narrador básico se adapta perfectamente a esta visión, combinando diferentes modalidades: narración omnisciente, narración objetiva, descripción omnisciente al servicio de una presentación más completa de la psiquis del o los personajes, narración equisciente, monólogo interior directo, monólogo interior indirecto, y soliloquio, prevaleciendo el tono del narrador básico, cuyo discurso filtra el de los otros personajes del cuadro. Es indagando en su memoria, en su conciencia, al modo de lo que Humphrey denominó corriente de la conciencia, que este documental nos muestra la tarea del pintor y nos recuerda ese célebre precepto martiano que guarda todo “obrar”: “No hay descanso hasta que toda tarea está cumplida, y el mundo puro hallado, y el lienzo en su marco”.
Cartografía Audiovisual. Estamos ante un concepto que funciona mediante un montaje, cuya dramaturgia cinematográfica esta estructurada en la doble condición del cuadro pintado. El cuadro es lo observado y es a la vez la membrana que nos permite ir a los lugares, personaje, temas, etc., que están trás el cuadro, el plano evocado. Es la puerta que permite ir a lo evocado y volver al taller del pintor, al trabajo de creación, al plano observado. ¿Más, no es posible pensar que el taller del pintor es lo evocado de los personajes al otro lado del cuadro?
Este documental se construye sobre un concepto que establece que “el cuadro es una frontera de este viaje”, al modo de un juego de cajas chinas.
El desarrollo del documental se estructura en 7 temas que son los paneles que conforman el cuadro. Cada panel tiene un título y un tema, aun cuando estos títulos no necesariamente se insertarán como intertítulos:
1º Los tripulantes ya no volverán = Tema: El viaje
2º Perro Cabaret = Tema: La amistad
3º No way Jack = Tema: La nostalgia
4º Música = Tema: El arte
5º Paloma & Bid Sad Jack = Tema: Los bares y sus personajes
6º Flamingo Rose = Tema: El amor
7º La nocha de Playa Ancha = Tema: La familia
El film será construido con una variedad materiales visuales.
- El trabajo de Gonzalo Ilabaca, especialmente pinturas y dibujos.
- Escritos de Ilabaca
( artículos, manifiestos, libros y otras publicaciones)
- Imágenes de archivo
( Fotografías, periódicos, documentales, films personales del pintor, entrevistas en medios de comunicación )
- Imágenes grabadas del trabajo en el taller
- Imágenes de actualidad de los distintos lugares pintados
- Entrevistas con contemporáneos, amigos y escritores.
La cámara funcionará observando, y utilizará los elementos del cuadro para articular las imágenes hacia los materiales visuales descritos, desde las diferentes modalidades del narrador, que es el pintor. Algunos personajes del cuadro o de las fotos, o de las evocaciones del pintor, se presentarán a través de su voz en off, como un soliloquio, pero es prematuro señalar de antemano como ocurrirá. Lo que se entiende por entrevista tenderá a presentarse como conversaciones con el pintor o quizás como confesiones personales.
La música se insertará a partir de la propia música de los lugares filmados y especialmente la que se escucha en el taller de trabajo.
Hace unos años atrás, visite una exposición del pintor Gonzalo Ilabaca. Se llamaba De las Cantinas de Real 14 a las Flores del Lago Atitlán sobre su viaje a México y Guatemala. Estaba ante las imágenes de un viaje. Era su cuarto viaje pictórico. Ilabaca es un pintor viajero, viajero en la tradición de Blaise Cendrars o Jean Truffaut. Durante un año recorrió pueblos pintando cantinas mexicanas equilibradas con retratos de hermosas campesinas guatemaltecas. Este conjunto de cuadros es un fresco de los caracteres verdaderos e imaginarios que giran en torno al ojo del pintor.
El pintor es el guardián de la belleza, y en busca de ella, se aventura más allá del peligro. ¿Pero porqué el pintor ha de recorrer lugares en la añoranza conocer hombres y mujeres que nunca he amado, buscando un paraíso, quizá al otro lado del mar? Para el connotado pintor peruano José Tola el viaje es perderse. “Significa abandonar lo conocido y perderse en lo desconocido, es como descubrir una puerta hacia un universo nuevo. Es decir, desentrañar una serie de cosas que construyen una realidad que no es la que estabas viviendo un segundo antes de cruzar esa puerta. Ir a la luna o bajarse de la cama es un viaje. En resumen, viajar es perderse en la vida” . Perderse, para crear solo, completamente solo la historia de su embriaguez por la belleza.
Un pintor puede viajar por un jardín, por una ciudad, por países y continentes, también por mundos imaginarios, por el cuerpo de una mujer o viajar al fondo de la noche sin salir jamás de su habitación. Eso es cierto. Y aun cuando ese el viaje no presente desplazamiento, y sea solo el espiritual, como el simbolizado en el poeta portugués Fernando Pessoa, quién escribió todos sus poemas sin haberse movido nunca de Lisboa, sin haber dejado nunca su oficina de contador en la cuál escribió: “Quién ha cruzado todos los mares ha cruzado tan sólo la monotonía de sí mismo. Ya he cruzado más mares que todos. Ya he visto más montañas que las que hay en la tierra. He pasado ya por ciudades más que existentes, y los grandes ríos del mundo han fluído absolutos, bajo mis ojos contemplativos. Sí viajase, encontraría la copia débil de lo que ya había visto sin viajar” , hay algo en toda aventura de viaje que no puede faltar.
Es necesario cruzar una frontera para que haya viaje.
Hay fronteras imposibles, como el Río Grande, que en realidad “es un arroyo que se seca con frecuencia y que casi siempre es un criadero de mosquitos; a este lado queda la ciudad Juárez y al otro, el Paso de Texas. Los mexicanos de Juárez miran con grandes ojos la ribera del frente; allí están el trabajo y la esperanza. Algunos arriesgarán el pellejo y cruzarán en furgones clandestinos, otros morirán bajo las balas de los Rangers. Es la vieja historia, la tierra prometida queda en el valle que sigue” . Existen lugares intangibles, con fronteras ocultas para muchos. Como aquel que se enamora vertiginosamente de una mujer que no conoce y la sigue por calles estrechas y bares repletos de música. Más allá del peligro. Al movimiento de marchar se opone la inercia de quedarnos, al anhelo de lo imprevisto, la seguridad de lo sabido, a lo salvaje, lo doméstico. Cuando un hombre piensa en partir, la sociedad lo incita a detenerse, a quedarse. El hombre desea el cambio, la metamorfosis, pero la ciudad desea el orden, la permanencia.
Veo esta película al modo de un palimpsesto de la memoria de un pintor inserto en la tradición pictórica de siempre, del caballete, que pinta los bares, su ciudad, su mujer o las hijas que tiene, el paisaje que ve, las calles que recorre, o lo que pasa día a día en su vida, y que busca justamente hacer esos días un poco más trascendentales en su vida.
El mayor enemigo del hombre es el demonio de lo cotidiano que deja caer sin dolor, sin ruido, una fina capa de polvo que hace desaparecer imperceptiblemente la mujer que amamos, los hijos que anhelamos, hasta el olor de las flores y la luz de la mañana, y nos sumerge en el olvido. El viaje tiene el mérito poético de devolvernos el encanto original de las cosas que hemos perdido donde el acto más trivial cobra sentido, se reviste de riesgo y se convierte en una aventura.
Mi intento es recoger desde la imagen pictórica, el anhelo paradójico del viaje, ya que aun cuando el primer deseo consumado de todo viaje es partir, solo cobra sentido en lo que Rilke nos descubre escuchando su propia voz a través de una generación de hidalgos caballeros que parten a las cruzadas. Ellos, los guerreros peregrinos, atraviesan ciénagas, pasan hambre y frío. ¿Y para qué? ¿Para qué recorren entre tinieblas el mismo espacio que ganan durante el día, bajo un ardiente sol extranjero?
Una noche un caballero francés ha besado una rosa diminuta. Otro hidalgo caballero alemán lo ha visto y no logra conciliar el sueño, y piensa, yo no tengo una rosa, una sola. Luego mira al francés y lo interroga:"¿Dejasteis en vuestra patria una novia, señor hidalgo?, dime por Satanás, ¿Con qué fin cabalgáis por esta tierra envenenada, en contra de los perros turcos?". El caballero galo sonríe, y le responde: "Para volver."
Se viaja para volver.
¿Pero cómo vuelve el pintor? Leí otra historia del caminante francés Jean Truffaut que recorría el mundo a pié, acerca de un hombre ciego que volvía cada tarde el camino de regreso a casa y jamás equivocaba el camino, guiado por un rastro de perfumes de jardín en jardín . Quizá nosotros extraviados en la lejana Estambul volveríamos a la patria guiados por la lengua que nunca olvidamos. Volver puede durar un instante o años como le ha pasado a Ilabaca y su familia, que desde el primer viaje pasan a llamarse Los Duncan, contra un mundo grosero y hostil. Él regresa con cuadros bajo el brazo, como Saint-Exupéry que siempre se bajaba de su avión con un libro suyo en la mano, y nos dice, “se debe amar el lugar que se pinta ese es el regalo que el pintor trae de regreso” . Y su tela es la frontera de sus viajes, en un tránsito entre el recuerdo que no desaparece y la nostalgia, que es el perfume de una flor y su imagen desapareciendo.
Bar Nostalgia, es su sexto viaje, es el viaje por su propia memoria, por los amores al otro lado de sus fronteras, por la nostalgia de cosas pasadas, futuras y aquellas que nunca van a ocurrir, aquellas más profundas, más misteriosas que los recuerdos y que solo adentro de un guardián de la belleza se podrán encontrar.
Creo firmemente que esta historia permite rozar temas interesantes y universales para la memoria colectiva de un país, como el anhelo de otra vida en esta vida misma, la búsqueda del paraíso, que finalmente es el amor por un sueño inexistente, y que guarda el secreto, de porque se viaja, porque se ama y porque se vive entre la fama y el olvido.
Ficha Técnica
Título original: BAR NOSTALGIA
Director & Productor : Claudio Leiva
País de origen: Chile
Año de Producción: 2007
Género: Documental
Lengua original: Español
Duración : 90 min
Formato Original: DVCAM
Formato de Exhibición: Betacam Digital
Sonido: Dolby 5.1
Compañía Productora: Cornucopia Films
El pintor es el guardián de la belleza, y en busca de ella, se aventura más allá del peligro. ¿Pero porqué el pintor ha de recorrer lugares en la añoranza conocer hombres y mujeres que nunca he amado, buscando un paraíso, quizá al otro lado del mar? Para el connotado pintor peruano José Tola el viaje es perderse. “Significa abandonar lo conocido y perderse en lo desconocido, es como descubrir una puerta hacia un universo nuevo. Es decir, desentrañar una serie de cosas que construyen una realidad que no es la que estabas viviendo un segundo antes de cruzar esa puerta. Ir a la luna o bajarse de la cama es un viaje. En resumen, viajar es perderse en la vida” . Perderse, para crear solo, completamente solo la historia de su embriaguez por la belleza.
Un pintor puede viajar por un jardín, por una ciudad, por países y continentes, también por mundos imaginarios, por el cuerpo de una mujer o viajar al fondo de la noche sin salir jamás de su habitación. Eso es cierto. Y aun cuando ese el viaje no presente desplazamiento, y sea solo el espiritual, como el simbolizado en el poeta portugués Fernando Pessoa, quién escribió todos sus poemas sin haberse movido nunca de Lisboa, sin haber dejado nunca su oficina de contador en la cuál escribió: “Quién ha cruzado todos los mares ha cruzado tan sólo la monotonía de sí mismo. Ya he cruzado más mares que todos. Ya he visto más montañas que las que hay en la tierra. He pasado ya por ciudades más que existentes, y los grandes ríos del mundo han fluído absolutos, bajo mis ojos contemplativos. Sí viajase, encontraría la copia débil de lo que ya había visto sin viajar” , hay algo en toda aventura de viaje que no puede faltar.
Es necesario cruzar una frontera para que haya viaje.
Hay fronteras imposibles, como el Río Grande, que en realidad “es un arroyo que se seca con frecuencia y que casi siempre es un criadero de mosquitos; a este lado queda la ciudad Juárez y al otro, el Paso de Texas. Los mexicanos de Juárez miran con grandes ojos la ribera del frente; allí están el trabajo y la esperanza. Algunos arriesgarán el pellejo y cruzarán en furgones clandestinos, otros morirán bajo las balas de los Rangers. Es la vieja historia, la tierra prometida queda en el valle que sigue” . Existen lugares intangibles, con fronteras ocultas para muchos. Como aquel que se enamora vertiginosamente de una mujer que no conoce y la sigue por calles estrechas y bares repletos de música. Más allá del peligro. Al movimiento de marchar se opone la inercia de quedarnos, al anhelo de lo imprevisto, la seguridad de lo sabido, a lo salvaje, lo doméstico. Cuando un hombre piensa en partir, la sociedad lo incita a detenerse, a quedarse. El hombre desea el cambio, la metamorfosis, pero la ciudad desea el orden, la permanencia.
Veo esta película al modo de un palimpsesto de la memoria de un pintor inserto en la tradición pictórica de siempre, del caballete, que pinta los bares, su ciudad, su mujer o las hijas que tiene, el paisaje que ve, las calles que recorre, o lo que pasa día a día en su vida, y que busca justamente hacer esos días un poco más trascendentales en su vida.
El mayor enemigo del hombre es el demonio de lo cotidiano que deja caer sin dolor, sin ruido, una fina capa de polvo que hace desaparecer imperceptiblemente la mujer que amamos, los hijos que anhelamos, hasta el olor de las flores y la luz de la mañana, y nos sumerge en el olvido. El viaje tiene el mérito poético de devolvernos el encanto original de las cosas que hemos perdido donde el acto más trivial cobra sentido, se reviste de riesgo y se convierte en una aventura.
Mi intento es recoger desde la imagen pictórica, el anhelo paradójico del viaje, ya que aun cuando el primer deseo consumado de todo viaje es partir, solo cobra sentido en lo que Rilke nos descubre escuchando su propia voz a través de una generación de hidalgos caballeros que parten a las cruzadas. Ellos, los guerreros peregrinos, atraviesan ciénagas, pasan hambre y frío. ¿Y para qué? ¿Para qué recorren entre tinieblas el mismo espacio que ganan durante el día, bajo un ardiente sol extranjero?
Una noche un caballero francés ha besado una rosa diminuta. Otro hidalgo caballero alemán lo ha visto y no logra conciliar el sueño, y piensa, yo no tengo una rosa, una sola. Luego mira al francés y lo interroga:"¿Dejasteis en vuestra patria una novia, señor hidalgo?, dime por Satanás, ¿Con qué fin cabalgáis por esta tierra envenenada, en contra de los perros turcos?". El caballero galo sonríe, y le responde: "Para volver."
Se viaja para volver.
¿Pero cómo vuelve el pintor? Leí otra historia del caminante francés Jean Truffaut que recorría el mundo a pié, acerca de un hombre ciego que volvía cada tarde el camino de regreso a casa y jamás equivocaba el camino, guiado por un rastro de perfumes de jardín en jardín . Quizá nosotros extraviados en la lejana Estambul volveríamos a la patria guiados por la lengua que nunca olvidamos. Volver puede durar un instante o años como le ha pasado a Ilabaca y su familia, que desde el primer viaje pasan a llamarse Los Duncan, contra un mundo grosero y hostil. Él regresa con cuadros bajo el brazo, como Saint-Exupéry que siempre se bajaba de su avión con un libro suyo en la mano, y nos dice, “se debe amar el lugar que se pinta ese es el regalo que el pintor trae de regreso” . Y su tela es la frontera de sus viajes, en un tránsito entre el recuerdo que no desaparece y la nostalgia, que es el perfume de una flor y su imagen desapareciendo.
Bar Nostalgia, es su sexto viaje, es el viaje por su propia memoria, por los amores al otro lado de sus fronteras, por la nostalgia de cosas pasadas, futuras y aquellas que nunca van a ocurrir, aquellas más profundas, más misteriosas que los recuerdos y que solo adentro de un guardián de la belleza se podrán encontrar.
Creo firmemente que esta historia permite rozar temas interesantes y universales para la memoria colectiva de un país, como el anhelo de otra vida en esta vida misma, la búsqueda del paraíso, que finalmente es el amor por un sueño inexistente, y que guarda el secreto, de porque se viaja, porque se ama y porque se vive entre la fama y el olvido.
Ficha Técnica
Título original: BAR NOSTALGIA
Director & Productor : Claudio Leiva
País de origen: Chile
Año de Producción: 2007
Género: Documental
Lengua original: Español
Duración : 90 min
Formato Original: DVCAM
Formato de Exhibición: Betacam Digital
Sonido: Dolby 5.1
Compañía Productora: Cornucopia Films

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